sábado, 27 de abril de 2013

EL ESPEJO DE NARCISO


Cuando Narciso murió, las flores del campo se vieron embargadas por el dolor y le suplicaron al río algunas 
gotas de agua para llorarlo.

- Si todas mis gotas de agua fueran lagrimas -respondió el río-, no me alcanzarían para llorar por Narciso. Yo le amaba.

- ¿Como hubieras evitado amarlo? -preguntaron las flores-. Era tan hermoso.

- ¿Era apuesto? -preguntó el río.

- ¿Quien podría saberlo mejor que tú? -preguntaron las flores-. Si cada día se recostaba en tu orilla y reflejaba su belleza en tus aguas.

- Pero yo le amaba -murmuró el río- porque al inclinarse sobre mí podía ver el reflejo de mi propia belleza en sus ojos.

(Oscar Wilde)

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